Poesía
de Patricia Gómez (Por
Amante Eledin Parraguez)
Hay
versos que “valen la alegría” de leerlos porque nos damos cuenta de eso que
también pasa por nosotros como por los ojos del poeta, y que ella los ha escrito
como señales y luces que nos despiertan de nuestro letargo para que encontremos
lo asombroso de la vida.
Los poemas de esta
poeta están reunidos en cuatro publicaciones, dos antologías, un libro en dupla
con la poeta mexicana Socorro Carranco y un libro personal titulado “A veces”.
En este “A veces” se encuentra un
constante vaivén, un ir y venir de una sensación a otra, de una idea; de un
lugar a otro, como de la vida a la muerte. Pareciera que la vida es una
situación que va de un punto a otro. El primer texto del poemario
dice. “La comprensión se cae en
mis párpados Dormidos…marcando los dos mundos”
“La poesía es
conocimiento, salvación, poder, abandono”. Nos dice Octavio Paz en sus primeras
líneas de “El Arco y “tengo el alma
despierta Entre estas carnes
vivas” Por esas carnes
vivas es precisamente por donde brota su inquietud y por donde emergen las
interrogantes y la vida punza como una aguja. Es el momento cuando surgen las
interrogantes más profundas de la existencia: la soledad, el amor, la
incomprensión, la nostalgia, la duda o la certeza, por eso a
veces: “la felicidad se
enreda Con la tristeza en un
abrazo eterno”. Tanto la propia
vida como la de los demás no la dejan indiferente: “Los dolores se pasean por
mis manos Dejando
huellas” Aunque de pronto
la sorprende una actitud contemplativa que se instala en su
ser: “Me siento en las esquinas
de la vida Y la veo
pasar” Podría también
decirse que los poemas de Patricia Gómez nos abren inmundo muy íntimo, muy
profundo y muy rico en deseos,
sueños y anhelos, que no son sólo para ella, sino para todos los seres que ella
representa como símbolo: “Soy
hembra, Todas las hembras del
mundo” Y aunque de pronto
surja ala duda, aunque tal vez se siente muy sola en esta
empresa: “Me pienso e imagino tan
distinta al resto, Como una nebulosa que
transita Imperceptible por este y
otros mundos, Nadie ve lo que a mis ojos
causa asombro…” Toda poesía es
íntima en la medida que muestra un mundo propio y único; el mundo que el poeta
se crea para sí, pero desde el cual se emerge hacia fuera y se conecta con otras
interioridades. Es la poesía la que debe establecer estas conexiones, estos
eslabones en la cadena de la existencia humana. Para todos el tiempo es
vertiginoso y : “La vida se va quebrando
en miles de instantes, Algunos tan llenos de
dolor que estrangulan el aire” La poeta a vive en
medio de este torbellino y dice: “En mi arde la
vida… Esa vida infinita, que no
muere, Que no nace, solo
arde…” Para sentirse
arder hay que estar muy vivo, muy presente en el mundo, muy sensible a lo que
sucede. Lo que sucede es relativo. Al decir de la ciencia moderna, uno puede
estar y no estar al mismo tiempo; uno puede ser y no ser. La poeta así se
contempla en el espejo del mundo: “Me veo tan
pequeña Tanto Que desaparezco de mi
misma” Y también alcanza
en ese otro extremo de la existencia, que: “A veces, de una forma
rara muero…” Pero alguien dirá
que para vivir realmente hay que saber morir. Patricia Gómez es
una poeta de búsqueda incesante, partiendo desde sí misma: “Cuando me hurgo y me
busco En lo que no tiene
forma. Cuando eso sucede y no soy
tocable; ahí Desaparezco, y me
presiento viva” Y en otro poema
resurge este afán de encuentro y conocimiento: “A
veces Me llego a mi
misma A través de mis
laberintos Y mis caminos
todos” En la poesía de
Patricia Gómez se manifiesta ese deseo tan propio del ser humano de saber dónde
se encuentra y qué sentido tiene la existencia y de construir una vida más
plena. Aquí se cumple con lo que Octavio Paz dice en cuanto a que la poesía es
“un ejercicio espiritual; un método de liberación interior”. La poesía es un
medio para encausar esta búsqueda y esta entrega: “Quiero parir la
palabra justa…” “Una palabra con
sentido llena libros Con tapas de
esperanzas” … “Tengo el alma
despierta Y clama por su
voz…” “A veces, el
primer poemario personal de Patricia Gómez nos entrega una serie de poemas en
los que palpita el alma de una mujer de nuestros días, que a pesar de las
convenciones sociales, a pesar del cansancio y de lo vertiginoso de la vida, se
da tiempo para escribir y compartir su mundo poético, que es una forma de hacer
la vida más llevadera y donde el sentido se va encontrando en lo más sencillo,
como una buena conversación, una caminata por el parque, o la contemplación de
algún paisaje. A modo de conclusión ella nos dice: “A
veces… lo
simple ¡es tan
bello!