Quisiera hacer un poema con retazos
y echarlos a volar.
Trazar el itinerario de la rosa,
la más desnuda,
que se desangra alucinada sobre la escarcha del patio
Yendo y
Viniendo
“Camino, camino, algún día llegaré,
a la casa de un duende que se llama
Gaspar...”
¿Falta mucho para
llegar?
Ninguna voz responde
¿Falta mucho para llegar?
¿no lo
sabías?
A la hora nona, cuando
se aquietan los ruidos de la calle,
cuando el jardín
emerge y la brisa exhala otros olores,
a salitre, a barco, a
montaña.
El tiempo se detiene o
retrocede,
inquietos confabulan
los relojes.
El de la sala inaugura
el misterio,
golondrinas negras aletean y sus
sombras dibujan las paredes.
Quiero
tocarlas.
Imposible, se han
marchado
Lejos muy lejos donde
la vista no alcanza
Quiero tocarlas...
Desde algún lugar
parte un tren
y avanza a tientas
gris por la ciudad dormida.
De un lado y otro del
espejo
Alicia se sonríe
y deja atrás un
universo de ojos asombrados,
de relojes ingenuos
que adelantan
más tarde que
temprano.
Sigue la
marcha,
primeras luces lluvia de
cristales,
calidoscopio es el
paisaje de colores estrellados,
de vidrios
rotos,
de retazos de soles y
de sueños,
de paraísos perdidos y
de infancia.
Mundos rojos verdes
amarillos
se precipitan sobre la
tabula del viaje,
haces
multicolores,
mariposas de
luz.
Quisiera fijarme
aquí...quedar inmóvil,
como una estatua de
sal o como un álamo,
no saber que vendrá ni vislumbrarlo.
Ahora la ciudad
se muestra ante los
ojos como un paño sucio,
su inequidad, su rostro más oscuro.
El tren sigue su
marcha,
atrás quedaron las
colinas el arroyo las montañas,
hoy un niño sucio
durmiendo en los umbrales,
como un caracol,
llevando a cuestas la casa y sus miserias.
El tren sigue
avanzando
la ciudad despierta o casi, vuelan
palomas,
dibujan el relato
sobre el cielo.
el mismo cielo que la
memoria conserva.
Una estación más,
murmullo, la ciudad
que se agita:
-Señor señora ayúdenme
soy ciego excombatiente desocupado naufrago estoy perdido...
Estoy
perdida,
las nubes grises sin
embargo enmudecen el cielo,
y por dos pesos el
costurero chino el diccionario la linterna el cortaplumas,
cortacaminos, que
llevan sin escala al paraíso al infierno a la salvación
al desarraigo.
“Imagino la nada... el vacío suspendido...América es solo
un sueño, el sueño de un dios que habita las profundidades de las aguas”
Miguel Ángel Asturias
Crepúsculo,
extraña sensación de
la carne
lejanía.
¿Dónde se oculta el
sol en tardes apacibles?
Ruido de mar, aletear
de gaviota
salitre y
vuelo.
Un sol de fuego que amedrenta el
paisaje.
Sueño y
pisadas.
Tu mano dulce
acariciando la aurora,
(puerta entreabierta
en un paisaje de vientos).
Sueño y pisadas.
La montaña me mira, el
día muere.
Silencio.
Hay otros como yo que
caminan ajenos
por el paseo de
compras
que miro sin ojos
fascinados.
Sin rumbo fijo la
nostalgia y yo
salimos a pasear esta tarde.
Nada repite mi nombre.
Llueve,
sobre la acera sobre
los campos
sobre las casas los
tejados las esquinas.
Llueve dentro de las
casas los jardines
sobre y bajo de los
puentes.
Ruidosa furiosamente
entre las enredaderas en los balcones
sobre los autos la
gente.
Llueve.
Livianos
como plumas eran por entonces nuestros
pensamientos,
Zitarroza cantaba algo
bajito,
y las horas pasaban
como pompas de jabón
bajo la parra.
Cortazar contaba de
sus cosas, el milenio moría.
Y los gatos también perseguían espectros.
Que tiene para decir
tanto silencio?
El viento frío, el
charco en la vereda,
el cielo neblinoso la
montaña,
el sonido del reloj,
el segundero.,
¿Se han convocado hoy
para contar su historia?
El árbol detenido en
mi ventana,
ningún pájaro, tanto
invierno.
Tu abrazo por las
noches, el sueño desvelado,
la llama de la vela,
algún retrato.
Y la distancia, que
permanece allí aun sin nombrarla,
agazapada debajo de la
cama, sobre la silla del cuarto,
en mis cuadernos.
La humedad de tu boca
me recuerda
otros
sueños,
me lleva hacia otro
espacio,
y sin embargo tan
hondo, tan profundo.
Tu boca en la penumbra
murmura las palabras dichas hace tiempo,
cuando la vida era
entonces, toda recién nacida,
y las cosas no lo que
aparentan,
allí donde se mezclan
derrotas y utopías.
Tu boca me devuelve
tantas cosas perdidas,
como en aquellos días
cuando cae la lluvia
y las palabras al fin golpean las ventanas.
Los viejos paisajes quedan grabados en la piel como una corteza , quedan en la sangre como el rumor de un río. Los paisajes son como una segunda piel que se compone de olores de sabores de sonidos.
"Camino, camino algún
día llegaré
a la casa de un duende
que se llama Gaspar..."
¿Falta mucho para
llegar?
Ninguna voz
responde
¿Falta mucho para llegar?
Bajo el Parral del
patio parte un barco,
suena la sirena
...Comienza el viaje.
Decimos adiós con los
pañuelos,
(gaviotas ebrias que
agitan en el viento las alas de la infancia).
Las horas se encadenan
enormes, azuladas
y de entre los
malvones van brotando las olas,
traen consigo el
bramido de las profundidades,
el canto de sirenas ,
el relato de héroes navegantes,
de monstruos
ignorados.
Y la noche comienza a
tejer su misterio,
sus sueños desolados,
su jauría de historias.
Un mareo de estrellas,
vibra el barco,
como una sombra
perdida
entre la bruma húmeda del patio.
“ Como en la crisis del nacimiento, como en el comienzo
alarmante y alarmado del terror metafísico de donde brota el manantial de mis
primeros versos, como en un nuevo crepúsculo que mi propia creación ha
provocado, entro en una agonía, y en la segunda soledad.
“¿Hacía donde ir?¿Hacía donde regresar, conducir, callar o
palpitar?”
“Miro hacia todos los puntos de la claridad y de la
oscuridad y no encuentro más que el propio vacío que mis manos elaboraron con
cuidado fatal”
Mayakouski
Calle abajo bailan mis
deseos,
las oscuras razones
que fue llevando el viento.
Y septiembre se
enrosca se me anuda en el pecho,
me oprime la garganta
y son susurros viejos,
siempre la misma
historia repetida en el tiempo,
la razón de los
fuertes, siempre el mismo
silencio.
Cae roja la sangre,
moradas cataratas que
conjuran el miedo,
criaturas con alas
fugitivas del tiempo.
¿Con que red, con que
historia, con que inútil quimera,
he querido atrapar mariposas sin sueño?
¿El regreso?
La ciudad desnuda, el
frío, el abrigo,
la palabra apenas
dicha, el olvido,
treinta años del golpe, Videla y sus
secuaces.
Y nosotros aquí aun
sin entendernos,
las pequeñas rencillas
cotidianas.
En la esquina del
cuarto unas revistas,
dos dinosaurios verde
pilotean un auto,
unos pañuelos blancos
en la plaza se levantan del polvo,
como alas.
“Nuestra historia no ha sido una marcha, en ninguna de las
acepciones y variantes de esta palabra: la línea recta de los evolucionistas, el
zigzag de los dialécticos o el circulo de los neoplatónicos. Nuestra historia ha
sido un proceso hecho de saltos y caídas, danza a ratos, otras letargo
interrumpido por un súbito y violento despertar”
Octavio Paz
Aquí estoy, en la
intemperie,
tiritando.
Mirando caer una
llovizna gris en el lugar donde nací,
de pie y sin
abrigo,
sintiendo las tenazas
de tu ira,
expuesta como un árbol
sin hojas,
pura
desnudez,
siguiendo el
itinerario del frío.
Esta noche enciendo un
poema,
como una braza.
Duermen los niños en
las bocas de los subtes,
y
sueñan.
Los paraísos se
desenredan del gran ovillo de la vida,
Mac Donald patrocina
los jardines de Aladino,
lámparas mágicas los
escaparates,
Simbad desde un
container nos anima
-Naveguemos por las
alcantarillas-
-Descubramos
otras islas encantadas-
Y nosotros aquí, tan
amarrados.
La escalera mecánica
sube y sube,
como habichuelas
hacia otras realidades,
y nosotros aquí tan
amarrados.
Por la Plaza de Mayo caminan las palomas.
José Clemente Orozco
"Camino, camino algún
día llegaré..."
¿Falta mucho para
llegar?
Ninguna voz
responde
¿Falta mucho para
llegar?
Buenos Aires enero del 2009
Gladys Ines Gribaldo