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Édgar
Velásquez Rivera. Doctor en Historia.
Pontificia Universidad Católica de Chile. Profesor Titular. Universidad del Cauca “...ser un
investigador o un científico es cumplir un determinado papel en el sistema
social, un papel bastante diferente del de apologistas de cualquier grupo
en particular”. Immanuel Wallerstein. Presentación. El 20 de julio de 1810 aparece como la fecha oficial de la
independencia de Colombia. Desde mi punto de vista, esta fecha sólo fue el
inicio de una escalada militarista, donde los bandos contendientes
emularon en la barbarie y en la degradación del conflicto, según los
partes de guerra de lo que fueron Las agitaciones contra el dominio español, comenzaron en Caracas
(en abril de 1810), en Buenos Aires (en mayo); en Bogotá y En 1910 se concentraron esfuerzos gubernamentales y particulares
para conmemorar y representar a los personajes y acontecimientos de la
independencia. En este ambiente, en Bogotá, el 20 de julio de 1910, fue
inaugurada una estatua de Antonio Nariño, en En el año 2010, en distintos países de América Latina se registran
espectáculos circenses sobre el bicentenario de las independencias.
Autoridades de distinto orden, instituciones de variada trascendencia,
organizaciones y personas de heterogéneas procedencias académicas y
políticas, convergen, con alborozo, para celebrar 200 años de supuesta
vida republicana. Gobiernos de distintos niveles jerárquicos apuran las
construcciones de obras para regocijarse por tal efemérides, burócratas de
todas las pelambres ejecutan acciones como paseos a lugares de supuestos
significados históricos, vividores de variada estirpe se agazapan en
foros, congresos, seminarios y conferencias para realzar cuestiones que,
en las más de la veces, no procesan de manera crítica. Lamento disentir de
esta avasalladora corriente signada por un ingenuo optimismo y un
voluntarismo voluptuoso. Independencia es la capacidad para elegir y actuar con libertad y
sin depender de un mando o autoridad extraña. Es la calidad o condición de
independiente, de autonomía, de entereza, de firmeza de carácter. Es la
situación de un país que no depende ni está sometido a la autoridad de
otro. Como concepto político apareció con Si nos atenemos a la anterior etimología, un país es independiente
cuando construye su propia libertad, la asume con responsabilidad y genera
prácticas de autonomía por medio de las cuales ni depende, ni está
sometido a la influencia dominante o a la asfixiante autoridad de otro
país. En la historia política de Occidente la consecución de las
independencias, fueron procesos tortuosos unos, ágiles otros e indefinidos
los demás. En tanto construcciones históricas, las independencias de los
países latinoamericanos han sido aceptadas como hechos inobjetables, los
cuales habrían ocurrido, en su mayoría, en el marco del denominado ciclo
de revoluciones de Occidente (1780-1830), respecto al dominio español
iniciado en 1492. En medio del unanimismo rampante, las siguientes reflexiones
procuran sistematizar una postura crítica sobre el bicentenario, a partir de la
pregunta ¿cuál independencia? Pues si se tiene en cuenta que “…en toda sociedad la producción del discurso está a la vez
controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de
procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros,
dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible
materialidad; y además que el discurso no es simplemente aquello que
traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que,
y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno
adueñarse”[1]; estas reflexiones
pretenden mostrar un discurso disidente, laico y
crítico. América
Latina. Lo que hoy se conoce como América Latina, antes fue llamada las
Indias, Nuevo Mundo y luego América. El nombre de América Latina
apareció por primera vez en Desde entonces, con el nombre de América Latina se pretende
homogenizar una parte del mundo que es heterogénea en términos geográficos
y humanos. El mundo académico quedó atrapado en tal dispositivo
configurado por la política. Ello explica en parte por que,
particularmente desde las ciencias humanas y sociales ha existido una
marcada tendencia a generalizar para toda la región explicaciones,
tendencias y procesos a partir del conocimiento de unos países (Argentina,
Brasil y México). De lo anterior, se deducen dos cuestiones: en primera instancia,
América Latina no decidió su nombre y, en segundo lugar, América Latina es
una creación europea. A propósito de los Estados Unidos, aún no hay
acuerdo entre los estudiosos del tema, si dicho país participó de manera
activa a favor de las independencias de los países de la región, o si por
el contrario, entorpeció tales hechos dado que aún no estaba en
condiciones geopolíticas que ejercen un dominio hegemónico sobre las
nacientes repúblicas. Sobre lo que si no hay duda, es que Inglaterra intervino en pro de
las mencionadas independencias con municiones, armas, hombres y
empréstitos monetarios. Una vez fueron expulsadas las autoridades
españolas de sus colonias y las noveles repúblicas obtuvieron el
reconocimiento como países libres por parte de algunas naciones,
Inglaterra procedió a legalizar esos empréstitos monetarios y nacieron las
deudas externas. América Latina nació endeudada. Desde entonces, las
deudas externas se convirtieron en nuevas formas de esclavización. Los
países latinoamericanos, unos más que otros, tienen su futuro hipotecado a
raíz de su impagables deudas externas, cuyo crecimiento, no necesariamente
ha significado mejoras en las infraestructuras productivas. Desde 1970, es
decir, en los últimos cuarenta años, las deudas externas de los países de
la región, se ha incrementado 60 veces. Por efectos combinados de los resultados parciales de la lucha
geopolítica entre las principales potencias hegemónicas de las tres
primeras décadas del Siglo XIX, y de la figura de las deudas externas,
entre otros, los países latinoamericanos cayeron en una nueva dependencia,
en este caso, frente a Inglaterra. Antes lo habían estado frente a España.
Entre la última década del Siglo XIX y las tres primeras del XX,
Inglaterra fue desplazada de la región, como potencia hegemónica, por los
Estados Unidos, en un contexto geopolítico caracterizado por el auge del
imperialismo impulsado por La nueva dependencia de América Latina frente a los Estados
Unidos, sin ser la única, fue y es, en términos cualitativos y
cuantitativos, más profunda e integral que la ocurrida con respecto a
Inglaterra y España. Esas dependencias no inician donde terminan otras,
son acumulativas. El desplazamiento de una potencia hegemónica por otra,
no es completo, total y permanente. Pues según se desprende del 33 Periodo
de Sesiones de Los anteriores fenómenos nos llevan a adelantar la siguiente
conclusión. América Latina ha sido objeto y no sujeto de su historia. De
esa condición de objeto de Las cosmogonías y las cosmovisiones de las culturas vernáculas
cedieron, total o parcialmente, ante las que impusieron e imponen las
potencias dominantes. Lenguas, religiones, instituciones políticas y
formas de vida, fueron cercenadas a sangre y fuego, otras quedaron en el
ostracismo (en algunos casos, con la complicidad de gobernantes y líderes
autóctonos) y unas pocas se niegan a morir. De la existencia de centenares
de lenguas y religiones, se pasó a una lengua y a una religión y,
paradójicamente, los descendientes de las víctimas directas de tales
episodios, hoy abrazan con afabilidad a esos supuestos
beneficios. A raíz de la supuesta independencia de los países
latinoamericanos, sus gobernantes, en la mayoría de los casos subsumidos
en una deprimente alienación e indigencia intelectual expresada en su
orfandad de elaboración propia, trasladaron a sus tierras, desde Europa y
los Estados Unidos, paradigmas cognitivos, teorías sociales, culturas e
instituciones políticas, ideologías, nuevas comprensiones del mundo y de
la vida, modas, gustos y fobias, modelos económicos y nuevos cánones de la
cultura en general. Tal fue el caso
del liberalismo que se introdujo como un cuadro de ideas absolutas, no
como un sistema crítico de pensamiento. El liberalismo entró a operar, en
la práctica, como una ideología de inhibiciones y no del hacer[1]. El
resultado no pudo ser más desastroso. Tal fue el caso de las ideologías,
específicamente de la ideología liberal que, tanto en Europa como en los
Estados Unidos contribuyó a desatar procesos liberadores, en América
Latina y, concretamente en Colombia, fue convertida, oficialmente, en una
ideología para la opresión y el amordazamiento de las libertades. Eso para
sólo mencionar un caso. Concomitante con lo atrás expuesto, en América Latina, en rigor,
cuestiones como el nacionalismo, el republicanismo y los Estados con sus
pretendidas divisiones de poderes, no han sido más que ficciones.
Construcciones históricas específicas, dirían algunos conciliadores de
oficio, si, construcciones históricas abortadas que, después de
laberínticos y tragicómicos procesos, vuelven al punto de inicio. Por eso
la historia política de América Latina en algunos aspectos es recurrente
en lo formal y lo formal es la epidermis de la esencia o del contenido.
Dichas ficciones, desde una perspectiva dialéctica viven del espejismo de
ser expresiones de naciones independientes, cuando en verdad, su
afianzamiento es directamente proporcional al ahondamiento de las
relaciones de dependencia[2]. La mayoría de latinoamericanos reglan sus vidas en virtud de los
mitos y las ficciones son partes de su expresión concreta[3]. El mito se destruye cuando se conoce la realidad, por eso todo
mito rechaza el conocimiento de la realidad. Esta matriz ha dado lugar a
paradojas como el afirmar que las formas predominantes de Estado en
América Latina se rigen por la división de poderes, cuando en la práctica
no lo es; que los Estados llegaron a un punto de crecimiento tal, que era
necesario achicarlo, cuando en realidad nunca copó, completamente, los
espacios de cada país, prueba de ello es que en algunos de ellos, aún
perviven estados paralelos o para estados. En el ilusionismo de una
supuesta independencia, algunas corrientes intelectuales dan por sentado
el inicio de la posmodernidad en América Latina, cuando en verdad, la
modernidad, en estricto sentido nunca ha llegado y, más bien, hay
evidencias tangibles de premodernidad o de minoría de edad colectiva.
Según mi apreciación, la tragedia de que América Latina no sea
sujeto de su historia, obturó y obstruye cualquier intento
independentista. América Latina ha sido el reservorio de recursos, con los
cuales, en parte, España, Portugal, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y,
ahora China, se convirtieron y afianzaron su condición de sujetos de su
historia. Desde esta lógica comprensiva de los hechos, los países de
América Latina, en su condición de países dependientes de las potencias
antes indicadas, han oscilado en condiciones de periferias primarias y
secundarias, según las exigencias de los modelos económicos, políticos,
sociales, culturales y militares de las mismas, en cada
coyuntura[4]. En tanto periferias, sus relaciones con los centros
metropolitanos han sido y son asimétricas y de dependencia estructural. Es
decir, no están en tránsito hacia una independencia o hacia la quimera del
desarrollo, estuvieron en condición de colonias y, desde hace dos
centurias están como neocolonias. De manera reciente, los Estados Unidos,
por medio de instituciones hemisféricas, creadas, ex profeso, ahondan la
dependencia estructural. Entre esas instituciones destacan cuatro:
1. Las Cumbres de las Américas, de los Jefes de Estado del
continente, la primera de las cuales se realizó en Miami en 1994. Según el
Departamento de Estado fue la primera reunión de su tipo en 27 años y
celebró “el compromiso con la democracia y las economías de mercado en
América Latina”. 2. Las Conferencias de Ministros de Defensa de América (CMDA).
3. El ALCA y el TLC. 4. El Centro Hemisférico de Estudios para ¿Colombia independiente? La dependencia estructural se manifiesta, entre otras maneras, en
los asuntos económicos, políticos, sociales, culturales, religiosos,
militares, académicos y científicos. La dependencia
estructural en materia económica, ya lo expresé, corresponde a las deudas
externas. Ante la insolvencia de los países deudores, los acreedores
impusieron e imponen políticas de ajustes estructurales, para garantizar
el pago del servicio de las mismas, lo cual incide en mayores niveles de
dominio y en el crecimiento exponencial de la pobreza y la miseria. Los
países con capitalismos hegemónicos crearon instituciones internacionales
para los manejos de las deudas externas, instituciones que como el FMI, el
BM y el BIRF, entre otras, han acumulado más poderes que los mismos
Estados deudores, pues le fijan éstos las políticas macroeconómicas que
deben adoptar y, de manera reciente, en el marco de la nueva versión de la
globalización, los han presionado para que subasten sus riquezas y paguen
los compromisos contraídos. De ese modo, los países latinoamericanos se
han desnacionalizado, si era que realmente existían naciones; también la
soberanía, si es que algún país la tuvo, pasó a ser un asunto del pasado.
Como efectos
colaterales del anterior panorama, las nuevas colonias fueron
especializadas en la división internacional del trabajo y, actualmente,
utilizan el eufemismo de las llamadas “ventajas comparativas” para
competir en la vorágine de las guerras comerciales con inocultables
repercusiones en las sociedades de los mundos periféricos. El desempleo,
las hambrunas, los bajos salarios, la informalidad, la degradación del
ambiente y de las guerras, la insalubridad y las incertidumbres,
especialmente de las generaciones jóvenes, no son elucubraciones de
espíritus críticos. Son hechos mensurables. Millones de latinoamericanos
se ven precisados a migrar hacia Europa, los Estados Unidos y, de manera
reciente, a países de la misma región en busca de empleo.
Parte de ese empleo
lo encuentran en el ejercicio de la prostitución, la delincuencia, la
informalidad y en trabajos destinados a parias. Colombianas, brasileras,
peruanas, ecuatorianas, argentinas y chilenas acuden solícitas a los
principales puertos suramericanos en los que atracan embarcaciones
militares estadounidenses, para atender a sus ocupantes. Las autoridades
de cada país garantizan la seguridad de los urgidos uniformados, porque al
decir de las mismas, generan empleo, divisas y reactivan las economías
locales. De análoga manera, según los anuncios de los principales diarios
de las capitales latinoamericanas, es creciente el número de colombianas
que ofrecen sus servicios sexuales en ciudades como Ciudad de México, El
Salvador, Ciudad de Guatemala, Tegucigalpa, Managua, San José de Costa
Rica, Ciudad de Panamá, Caracas, Quito, Lima, Sao Paulo, Tanto la dependencia
económica como la social, predisponen las condiciones básicas para la
dependencia cultural. La dependencia cultural es una impronta de todos los
pueblos latinoamericanos. Una de sus expresiones es la alienación. Sus
características son bien conocidas: el apego a todo lo extranjero
(europeo, estadounidense, chino) y el desapego a lo propio, en lo
concerniente a la imposición de modas, prácticas y costumbres. El delegar
en otros la facultad para pensar, actuar y sentir, lo que hace que los
latinoamericanos piensen, actúen y sientan como propios los problemas que
les aquejan a personajes que no necesariamente tienen una relación directa
con sus vidas. Son conocidos los casos de colombianos que no durmieron por
seguir, paso a paso, los pormenores de la boda de Lady Di. Sufrieron como
propio su accidentado matrimonio y se afligieron por su trágico final.
Otros, siguen atentos el estado de la salud de las mascotas del Presidente
Barack Obama y los demás conocen en profundidad la vida privada de
personajes del mundo de la farándula. Es
pavoroso que se sepa más de M. Jackson que de pensadores colombianos y
latinoamericanos. A pesar de que hoy existe un mayor acceso a las nuevas
tecnologías para la comunicación y la información y posibilidades reales
para una mayor diversidad de contenidos y distribución en televisión,
radio e internet, la concentración se ha recrudecido. Y la dependencia de
América Latina, es mayor ahora que en 1980. Por ejemplo, seis grandes
grupos los controlan la industria mediática en el mundo: Time Warner, Walt
Disney, News Corp., Viacom-CBS, Vivendi-Universal y Bertelsman. De ellos,
cuatro son mayoritariamente anglosajones (Estados Unidos, Gran Bretaña,
Australia), y dos son una mezcla de capital francés-norteamericano y uno
alemán. Esos seis grupos definen lo que hay que ver, cómo entretenerse y
cuál es la agenda noticiosa importante en todo el mundo: de Japón a China,
de América Latina a Africa, de Medio Oriente a Europa oriental y, por
supuesto en los Estados Unidos, Europa, Canadá y Australia (que
constituyen el 60 por ciento de su mercado). Controlan los contenidos audiovisuales (televisión, cine,
internet) y las redes de distribución (televisión terrestre, cable y
satelital), pero también los medios impresos (periódicos, revistas), la
radio y la publicidad exterior. Ellos han impuesto el imperio del
infoentretenimiento:
la idea de mezclar la información “dura” con soft news, una
mezcla de mundo del espectáculo, el cine, los deportes, las modas y la
política. Su hegemonía es indudable, aún cuando existan iniciativas
públicas (como la británica BBC) o alternativas informativas (como la
cadena árabe Al
Jazeera), su imperio se basa en el control de la distribución
y del mercado comunicacional. En América Latina, esta concentración global se refleja a
escala. Son 9 grandes grupos los que definen en el continente el futuro de
la industria mediática continental: los mexicanos Televisa y TV Azteca,
los brasileños Globo y Folha, el argentino El Clarín, el chileno El
Mercurio, el venezolano Grupo Cisneros, los colombianos Bavaria y El
Tiempo. A estos consorcios se les suman dos grandes grupos españoles:
Prisa y Recoletos, que se han convertido en los dos más importantes
inversionistas de la última década, en lo que consideran el “nuevo
desembarco”, es decir, la reconquista ibérica por el mercado de la
información, la comunicación y el entretenimiento en América Latina. Más
del 60 por ciento de los contenidos audiovisuales e informativos de estas
empresas latinoamericanas reproducen y replican lo generado por los seis
grandes grupos los controlan la industria mediática en el mundo.
Es difícil hablar del
panorama de concentración mediática en América Latina sin tomar en cuenta
al holding
de medios impresos, radio y televisión más grande de España,
el Grupo Prisa, que desde finales de la década de los noventa intensificó
su presencia en América Latina, a través de sociedades con grupos fuertes,
como Televisa, la expansión de sus editoriales Santillana, Planeta,
Alfaguara y de la creación del Grupo Latino de Radiodifusión con
sociedades en Colombia, México, Chile, Bolivia, Panamá, Costa Rica y
Estados Unidos. Su “buque insignia”, como lo califica el propio grupo, es
el periódico español El País, el de
mayor tiraje en su país natal y con reediciones en países latinoamericanos
como México y Buenos Aires[5], periódico
por medio del cual, España se inmiscuye en los asuntos internos de cada
país. También hace parte
del espectro de las dependencias, la cuestión militar[6]. Sin
excepción, todas las instituciones armadas regionales, han sido formadas
por potencias extranjeras. Desde el Siglo XIX Alemania, Francia y los
Estados Unidos destacan por su participación en la formación de las
fuerzas armadas de cada nación. A esas fuerzas armadas se les inculcaron
tácticas, estrategias, reglamentos internos e ideologías. Sus armamentos,
municiones, uniformes e insignias fueron homologados acorde a las
exigencias estadounidenses. Los Estados Unidos, una vez terminada
Las fuerzas armadas
latinoamericanas han sido puestas a combatir a dichos enemigos de manera
secuencial y acumulada. Por esa vía, las fuerzas armadas latinoamericanas,
pero con mayor realce las colombianas, terminaron librando batallas y
guerras sin hidalguía, desprovistas de honor, sin decoro y sin ética. Su
participación en asesinatos y masacres de civiles, así lo testifican. Su
alianza con narcotraficantes en la organización de ejércitos paralelos,
así lo corroboran. Sus zafios comportamientos generalizados, así lo
evidencian. Varias fuerzas armadas de América Latina, llaman las de los
Estados Unidos, “el hermano mayor”. Parte de la oficialidad colombiana no
le teme tanto a los procesos disciplinarios o líos jurídicos por sus
actos, sino a la cancelación de sus visas por parte de los Estados Unidos.
Las siete bases militares estadounidenses en Colombia, son una prueba
ineluctable de la condición de colonia de este país. No veo a ningún
Sandino colombiano que emprenda una guerra patriota de liberación
nacional, y expulse a las fuerzas invasoras como lo hizo aquél pequeño y
frágil, pero formidable héroe nicaragüense, llamado Augusto César Sandino.
A las anteriores
formas de dependencia, se suma la dependencia religiosa. En el marco de
Este tipo de
prácticas se encuentran en los textos de las Conferencias Episcopales de
Colombia y de las Pastorales, de En lo referente a la
dependencia política, todos los imperios determinan los horizontes
políticos propios y de sus colonias. El imperio estadounidense regula la
política latinoamericana y colombiana. Certifica a las colonias si cumplen
o no cumplen sus decisiones. Premia a las colonias sumisas y castiga a las
renuentes a acatar sus órdenes. Considera a Estados y regímenes políticos
como no viables, como amenazas o como terroristas si intentan zafarse de
la coyunda. El imperio se apoya en organismos de bolsillo para hacer más
eficiente su dominio, como son Las dependencias académicas y científicas avanzan al unísono. Los
imperios le suministraron a sus colonias las teorías, los métodos, los
paradigmas, los procedimientos y las modas del mundo académico. Lo
anterior, unido a otros factores como la temprana obsolescencia de los
intelectuales latinoamericanos y colombianos, su pobreza material y, en
algunos casos la indigencia intelectual, ha hecho que aquellos se
conviertan, mayoritariamente, en consumidores de conocimientos producidos
en otros mundos y su papel es el dosificadores de un conocimiento que no
les pertenece. Peligrosamente en el ámbito universitario colombiano se impone “El
derecho a ser mediocre”, en el sentido de hacer lo mínimo y esperar
pacientemente la pensión. En el ámbito latinoamericano, Colombia registra
uno de los más bajos índices de académicos con título de doctor. Pero en
este país de fantoches, simuladores, impostores, mediocres y cínicos, a
cualquiera que acredite la formación universitaria básica,
independientemente de su calidad, se le llama doctor, y éste no corrige,
por el contrario, encantado acepta tal título sin poseerlo, ni merecerlo.
Estos
fenómenos están emparentados con prácticas comunes propias de la mayoría
de los habitantes de este país, como son la preponderancia de las
mentalidades crapulosas, la ausencia de una ética del trabajo, la búsqueda
frenética de grandes fortunas de manera rápida y fácil (el fenómeno de las
pirámides así lo testifican), campea la ley del atajo, la razón cínica
prevalece sobre la razón dialógica y en cada colombiano hay un guaquero en
potencia. Masivamente le atribuyen poderes mágicos y especiales para la
solución de problemas a la pata del conejo, al ajo macho, a
En esta
reflexión no se pueden dejar de lado a las izquierdas, las cuales, por su
misma naturaleza de sus ideologías, serían las más indicadas para romper
con todas las dependencias señaladas. Pero qué decepción. La
entonces Unión Soviética, entre 1917 y 1990, intentó dislocar el eje de
dominación estadounidense sobre América Latina, para ocupar su
lugar. Las izquierdas latinoamericanas y colombianas hicieron
del marxismo, del troskismo, del maoísmo y del guevarismo, auténticos
aquelarres, los ideólogos se convirtieron en misioneros, las sedes
políticas trasmutaron a capillas doctrineras. Los
partidos comunistas latinoamericanos fueron y son insuficientemente
marxistas y dialécticos[8].
Cada uno estableció sus líneas de dependencia, bien frente a Moscú, Pekín,
Albania o En el
caso particular de Colombia, las peculiares lecturas del materialismo
histórico y dialéctico y de los pensadores revolucionarios, estimularon,
de manera subjetiva, la aparición de organizaciones guerrilleras de
izquierda marxista, a partir de la administración del payanés conservador
Guillermo León Valencia, a quien le otorgaron el rimbombante y
estrambótico título de “Gran Paladín de La reconquista española. Uno de los rasgos definitorios de la novísima versión de la
globalización por la que atraviesa el mundo, es la multipolaridad. La
terminación de Desde finales de
ese año, el mundo anglosajón se muestra inquieto ante la creciente
importancia de las inversiones españolas en América Latina. Medios
especializados como Time, Washington Post, Financial Time, Wall Street
Journal y The Economist se han hecho eco de esta inquietud y han venido
difundiendo extensas informaciones, reportajes, análisis o artículos sobre
este tema que han girado alrededor del juego histórico de la reconquista,
la nueva conquista o los nuevos conquistadores. Las empresas españolas han
traído subida de tarifas, despidos masivos y grandes ganancias[9],
especialmente en cuatro sectores clave del nuevo panorama económico regional,
como son la banca, la electricidad, la energía y las telecomunicaciones.
Empresas como Telefónica, Endesa, Iberdrola, Repsol, Gas Natural, Unión
FENOSA, el Banco Santander Central Hispano (SCH) y Banco Bilbao Vizcaya
Argentaria (BBVA) llegaron al continente atraídos por una cultura y un
idioma común, una coyuntura internacional favorable y el proceso de
privatización que tuvo lugar en la mayoría de países
latinoamericanos. En 1998, por primera vez en el Siglo XX y lo que va del XXI,
los capitales europeos desplazaron a los norteamericanos en Chile, Brasil
y Argentina. Si bien, las políticas de ajustes estructurales impuestas
por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional a la
economía global son tuteladas por los Estados Unidos, es Europa quien
las ha aprovechado mejor en los últimos 20 años. Del conjunto de capitales
europeos que ordenan la economía chilena, el 50 %, es español. Es así como
el agua potable es controlada por el grupo Barcelona; las
telecomunicaciones por Telefónica; y la electricidad por Endesa. En la
industria bancaria, el Banco Santander y el BBVA, suman más de la mitad
del mercado financiero que existe en el país. El 90 % de los capitales
españoles se explican apenas por 8 empresas. Las empresas nacionales que fueron vendidas durante los
gobiernos de Con ingresos que van desde los casi 18 mil millones de dólares
(MAPFRE) hasta los casi 90 mil millones (Banco Santander Central Hispano)
que engrosaron las arcas de las empresas españolas en 2008, las compañías
de ese origen tienen una poderosa herramienta frente a gobiernos
negligentes o cómplices para depredar el medio ambiente. En un informe
elaborado por GREENPEACE de España se precisan algunas de estas acciones
que llevan adelante los nuevos conquistadores. Vayan algunos casos para
graficar el tamaño del desastre. El Consenso de Washington consistió en una lista de medidas
de política económica que sirvieron para guiar a estos nuevos gobiernos
(resultados de las transiciones) y a las instituciones multilaterales como
el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) para “valorar los avances en materia
económica de los primeros al pedir ayuda a los segundos”. Los fines del
Consenso eran, entre otros, alcanzar un marco económico equilibrado y
estable, un sector público y privado eficiente, reducir el tamaño del
Estado, buscar una mayor orientación hacia el exterior y la puesta en
marcha de políticas para combatir la pobreza. Con la implementación de estas medidas en los años 90 se
consiguió que la mayoría de los países obtuvieran aceptables resultados
macroeconómicos. La inflación supuestamente se redujo a un dígito en todos
los países y los aranceles que descendieron drásticamente. De todo ello
resultó un incremento del flujo de capitales hacia la región de una manera
nunca experimentada hasta el momento; en 1990 llegaban 14 mil millones de
dólares y, en 1997, la cifra aumentó hasta 86 mil millones de
dólares. El Consenso de Washington quería erradicar la pobreza, pero
la aumentó. En el momento en que se dio comienzo al Consenso de
Washington, España no contaba ni con la experiencia internacional
suficiente y ni se trataba de una de las primeras economías europeas. Sus
empresas tampoco eran las más floridas del continente y, para colmo,
competían con compañías y grupos empresariales del más alto nivel
mundial. La estrategia inversora llevada a cabo por bancos y empresas
españolas en América Latina, fue una respuesta a la creciente
globalización que exigía a las empresas aumentar su tamaño. Con la entrada
en América Latina, estas empresas conseguían este objetivo y, además,
liderar mercados estratégicos de las respectivas economías
nacionales. Las empresas españolas optaron por concebir a América Latina
como una extensión de su mercado nacional, introduciendo los mismos
productos que en España pero adaptándolos al mercado de cada
país. Así como España hace 500 años apeló a un arsenal de argumentos
de distinta procedencia para explicar y justificar sus acciones y contó
con la complicidad de algunas autoridades, hoy, también señala los motivos
de su reconquista y tiene sus cómplices. Parte de su argumentación es
producida por la “Fundación para el Análisis y Estudios Sociales”, liderada
por José María Aznar, en uno de cuyos documentos, titulado “América
Latina: una Agenda para América Latina es parte de Occidente, de Europa, de España.
América Latina es parte sustancial de Occidente. De esa parte del mundo que hunde
sus raíces en la tradición clásica grecolatina, que se ha desarrollado por
el cristianismo, que se ve iluminado por las luces de Durante décadas de gobierno paternalista, la combinación de
gratuidad, falta de incentivos e insuficiencia de la inversión pública
terminaron por lastrar las mejores universidades y a partir de ahí el
conjunto de los sistemas de instrucción en América Latina. La total
libertad para el capital podría ayudar. La ausencia de libertad económica
se convierte en campo abonado para la pobreza y, sensu contrario, la
libertad económica actúa como la mejor de las terapias para la
erradicación de la pobreza.
América Latina tiene mucho que ganar con un comercio libre con
el resto del mundo. Y tiene
mucho que perder con un proteccionismo que sólo responde a los intereses
particulares de determinadas minorías y perjudica a la mayoría de los
ciudadanos. Las expropiaciones estatales, en cualquiera de sus
modalidades, actúan como un potentísimo factor disuasorio de las
inversiones. También, los países de América Latina deben renunciar a su
potestad soberana de decidir con sus tribunales las controversias sobre
sus contratos de interés público: cualquier ciudadano o empresa debe tener
garantizados sus derechos de propiedad y que los contratos libremente
celebrados se cumplan, recurriendo, si es menester, a tribunales de
justicia independientes. América Latina debe cooperar en materia de
seguridad y lucha contra el terrorismo internacional junto a Europa y
América del Norte, mediante la creación de una asociación estratégica
entre Al arribar a los 200 años de la supuesta independencia, no todo
está perdido. Hay luces al final del túnel. Se han hecho notables
esfuerzos intelectuales para dotar a América Latina de un pensamiento
propio, crítico, pertinente, versátil e incluyente. Basta señalar una
frondosa pléyade de intelectuales e ideas, como el liberalismo humanista
de Gerardo Molina, el marxismo vital de Antonio García Nossa, la idea de
cristianismo de lo que fue el Grupo Golconda y Pues en el campo de las responsabilidades éticas, el historiador debe
contribuir a la creación de valores. En el ámbito de las responsabilidades
políticas, están las de dotar a sus conciudadanos de identidad y de
orientar el conocimiento de un pasado común que les permita fundar
proyectos colectivos para sus luchas, las de organizar el pasado en
función del presente y facilitar la comprensión del mismo. La muerte
intelectual es una amenaza latente entre los historiadores, pues es agradable disfrutar de una ocupación cuyas horas
son cortas, las vacaciones largas y la seguridad en el puesto tan absoluta
que ni la pereza ni la decrepitud podrán hacer que uno pierda su trabajo.
En las Ciencias Humanas y Sociales es posible continuar incluso cuando se
está ciego, sordo, semiparalítico y uno ha olvidado casi todo lo que
sabía. Si una persona se vuelve loca de una manera no demasiado obvia y
todavía es capaz de emitir sonidos reconocibles, tiene una buena
posibilidad de que se le salude como descubridora de verdades insondables.
Uno de los más peligrosos y difundidos mitos de las Ciencias
Humanas y Sociales es la creencia de que sus teorías y métodos son
universales y de que su validez desborda los marcos de los espacios
culturales y de los procesos históricos[12].
El
historiador y en general el profesional de las Ciencias Humanas y
Sociales, debe acentuar su rol crítico frente a las dependencias atrás
referidas, defender la identidad de sus pueblos, crear líneas de
pensamiento para que no sea del norte de donde éste y las ideas vengan ya
enlatadas o precocidas para ser rumiadas por los intelectuales del sur que
las sirven ya digeridas al pueblo, pues uno de los mitos sobre los que se
asienta la dominación, es, justamente, el de la presunta validez universal
de los métodos y las teorías. En ese mismo horizonte, también debe
contribuir a crear nuevas categorías, nuevos valores y conceptos, que
permitan comprender la compleja trama de los pueblos de América Latina.
Imaginar modelos sociales y políticos alternativos, posibles y ejecutables
que sirvan de guía a los pueblos, y no de trampa que los enfrente a la
muerte, también es parte de la responsabilidad del historiador frente a
los fenómenos de las dependencias. Ser críticos de
todas las formas de poder, es lo más decente. Críticos de la miseria en
que viven la mayoría de nuestras sociedades y de la riqueza en que se
ahogan minorías, críticos de los poderosos y de sus víctimas que besan las
cadenas que los oprimen. El historiador debe ayudar al conocimiento de la
realidad, criticar el orden establecido, no puede ni debe renunciar a la
responsabilidad de la búsqueda y formulación de alternativas de cambio y
de reforma de nuestras sociedades y para ello se requiere que sea una voz
independiente. Ser independiente supone la capacidad, en primera
instancia, de revisar en forma permanente y crítica su condición y el
sentido de su trabajo y, en segundo lugar, someter al libre examen los
fenómenos sociales. Esta podría
ser una vía para la independencia, mientras tanto, sueñen que son
independientes. [1] García,
Antonio. Dialéctica de la democracia. Bogotá: Cruz del Sur. 1971,
20. [2]
Aguilar, Alonso. Orígenes del subdesarrollo. Bogotá: Plaza
& Janes. 1982, 62. [3]
Furtado, Celso. Obras escogidas. Bogotá: Plaza & Janes.
1985, 171. [4]
Evers, Tilman. El Estado en la periferia capitalista. México:
Tercer Mundo Editores. 3 edición. 1985,
71. [5]
Villamil, Jenaro. América Latina y las Corporaciones Globales: Entre
Telenovelas y Mickey Mouse, la Concentración Mediática.
http://jenarovillamil.wordpress.com/21/04/2010. [6]
Velásquez Rivera, Edgar. Historia Comparada de [7]
Conferencias episcopales de Colombia. Tomo I. 1908-1953.
Bogotá: Editorial El Catolicismo. 1956,
268. [8]
Ribeiro, Darcy. El dilema de América Latina. México: Siglo XXI.
10 edición. 1982, 241. [9] Casas Gragea, Angel María. La vuelta
de España a América Latina ¿reconquista o comunidad de intereses? En:
Comentario Internacional. Revista del Centro Andino de Estudios
Internacionales. Número 1, I semestre, Qutio, 2001,
133-142. [10]
Figueroa Cornejo, Andrés. La reconquista española en el Siglo XXI. En:
alainet.org/23/04/2010. [11]
Britto García, Luis.
Reconquista española y bicentenario de la independencia. En:
alainet.org/01/03/2010. [12] García, Antonio. Atraso y dependencia
en América Latina. Buenos Aires: El Ateneo. 1972,
1.
Otra eléctrica, UNIÓN FENOSA e IBERDROLA, cuyos ingresos
ascendieron a los 23.910 millones de dólares (339 en el escalafón), planea
construir centrales térmicas y de gas en América Central y, en especial,
cinco centrales de carbón en Guatemala. Las cadenas hoteleras Sol Meliá,
Riu y NH, son acusadas de tratar de replicar el modelo de sol y
playa masivo de la costa española en zonas vírgenes de América Latina, de
arrasar selvas, acabar con dunas costeras y devastar manglares. Tampoco
quedan bien parados los Bancos Santander y BBVA por su apoyo a numerosos
proyectos relacionados con la deforestación amazónica, la degradación
ambiental y el aumento de la pobreza en familias que han sido
desplazadas.
La pesca, de la mano de la empresa PESCANOVA, sufre la
sobreexplotación de especies como la merluza blanca y el congrio dorado de
Chile, además de otras prácticas cuestionables en acuicultura. Toda una
larga lista donde el denominador común es la depredación de los recursos
naturales y los ecosistemas. Una nueva fiebre de El Dorado llegó hasta las
narices de los insaciables grupos económicos peninsulares. Nuevas
economías de enclave. Nuevos ecocidios y etnocidios, en esta ocasión, en
el contexto geopolítico del llamado Consenso de Washington.
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