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Una linda leyenda para una tarde de
Domingo... yo no la conocía, me llego de "islas del delta"
Bajos del Temor (Roberto
Vilmaux)
Los bajos del
temor se encuentran en el Delta del Paraná, muy cercanos a la
desembocadura del Paraná de las Palmas, del que lo separan las islas
Nutria y Lucha. Es un amplio espacio de agua en el que vierten sus
aguas los arroyos Chaná y Aguaje Durazno y es una zona con poca
profundidad de agua, donde el avance del delta sobre el río se palpa
en el crecimiento de los juncales.
El saber popular dice que
su nombre proviene de cuando los barcos que navegaban por la zona
encallaban, debido a los bancos de arena que hay en el sitio, pero
la verdadera razón de su nombre es bien distinta y ha quedado en el
olvido de los años.
Para conocer el origen del nombre de los
Bajos del Temor debemos remontarnos a muchos años atrás y a algo más
al norte del lugar. Más precisamente a la década de 1870 / 1880 y a
la isla de La Paloma, en la
desembocadura del Paraná Bravo en el Río Uruguay.
Allí vivió
por esos años Marica Rivero, que comandó una de las bandas de
piratas más feroces que asoló la región a finales del siglo XIX. La
banda de Marica, como tantas otras asentadas a lo largo de los ríos
Paraná Guazú y Paraná Bravo, se dedicaba a asaltar a los veleros que
pasaban por esos ríos.
Fue una época sin ley en el Delta del
Paraná, criminales las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos y
también del Uruguay que huían de la justicia, se refugiaban en las
islas que eran tierra de nadie y donde imperaba la ley del más
fuerte, y terminaban formando las bandas de piratas.
Marica
Rivero, junto a quien fuera su marido, el "Correntino Malo",
operaban desde la isla de La Paloma y se le adjudican
numerosos crímenes, ya que nunca había sobrevivientes en los asaltos
que cometían.
Esta situación llevó a los gobiernos Buenos
Aires y Entre Ríos, a prestar atención a lo que ocurría en las islas
y se organizó, en conjunto, un operativo para acabar con las bandas
del delta.
La lucha duró muchos años y con mucho muertos. De
ambos lados. Finalmente Marica Rivero, el "Correntino Malo", y cinco
de sus hombres son atrapados, luego de tenderles una emboscada. El
operativo estuvo a cargo del Teniente Agapito Zapata, oficial del
ejercito, quien era tan feroz como los piratas.
Los siete
prisioneros fueron transportados río abajo por el Uruguay en un
pequeño barco custodiado por Zapata y diez de sus hombres. Llegaron
a lo que hoy conocemos como Bajos del Temor e ingresaron a la bahía,
que era mucho más amplia por aquellos años. Allí decidió librarse de
los prisioneros.
Uno a uno fueron llevados de la bodega del
barco a tierra y estacados en un sitio muy cercano a la costa.
Zapata no se quedó a ver como el agua avanzaba sobre la
costa, traída por el viento del sudeste. Levó anclas y el barco
partió, dejando atrás los gritos de los hombres y claro le llegó el
juramento de venganza de Marica Rivero.
Ella y sus hombres
murieron ahogados y sus cuerpos estacados nunca se encontraron.
Pronto comenzó a correrse la noticia de lo que había
ocurrido. En Buenos Aires hubo una investigación, pero no se llegó a
nada, nadie testimonió en contra de Zapata. Todo quedó en el olvido,
pero no tanto. Porque por la zona del delta comenzó a comentarse que
Marica Rivero, el "Correntino Malo" y sus hombres habían vuelto a
las andadas. ¡Pero estaban muertos!
De eso nadie tenía
dudas.
Se decía que cuando las aguas bajaban aparecían y
continuaban con sus asaltos a barcos, pero esta vez eran mas feroces
por sus ansias de venganza. Pero fue solo un rumor, sin ninguna
confirmación.
Confirmación que llegó varios años después.
Era una noche oscura. El cielo estaba cubierto de nubes
negras lo que hacía presagiar una tormenta. El viento del norte
había sacado el agua del río y la bajante se hacía pronunciada. Un
velero de tres palos se acercaba bajando desde el Uruguay. Los doce
pasajeros cenaban en el comedor bajo cubierta, mientras el capitán
procuraba orientarse algo confundido por no poder ver los contornos
de la costa. No sabía donde estaba.
Sintió un crujir bajo el
casco y comprendió que habían encallado. Se dirigió a la proa del
barco y a punto de llegar un relámpago iluminó el lugar. Se quedó
pasmado por lo que vio.
Delante suyo apareció una mujer
robusta, el pelo largo mojado le caía sobre los hombros y cubría
parte del rostro. Antes que la luz del relámpago se apagara alcanzó
a ver detrás de la mujer otros seis hombres. Todos con el mismo
aspecto, mojados, las ropas hechas harapos, todos con largos puñales
y espadas en sus manos. No llegó a escuchar el trueno que vino
después. La mujer lo decapitó antes de que pudiera darse cuenta de
lo que ocurría.
En el comedor, los pasajeros comían y sólo
les llegaban los sonidos de la tormenta. Sentado a la mesa frente a
la puerta de entrada se encontraba un oficial del ejército. Su
pasado como teniente, jefe de las tropas que habían operado en el
Delta del Paraná había quedado atrás. Casi ni recordaba esa época.
Ahora tenía una buena posición con su cargo de Coronel y el comienzo
del nuevo siglo lo encontraba retornando con su familia, dos hijos y
esposa, de unos días que había pasado en la República
Oriental del Uruguay.
Cuando la puerta voló
y esa mujer apareció en el comedor, la reconoció enseguida. Agapito
Zapata poco pudo hacer para defender a su familia y al resto de los
pasajeros. Nadie puede matar a un muerto.
Al día siguiente
los cuerpos decapitados de doce pasajeros, entre ellos cuatro niños,
y de ocho tripulantes aparecieron colgados de los palos del velero.
A partir de esa masacre, y por muchos años, pocos se
atrevieron a navegar por la zona. Se impuso entonces aquel nombre
"Bajos del Temor".
Hoy pocos recuerdan la historia de Marica
Rivero y Agapito Zapata. Las apariciones de los espectros de los
bandidos se fueron diluyendo con el tiempo y el motivo del nombre de
los bajos también.
Pero el tiempo trascurrido, si bien para
los vivos puede parecer mucho, para los muertos es nada. Les espera
la eternidad en esa situación.
No hay ninguna garantía de
que se hallan retirado del lugar para siempre.
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