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Buenos
días Buenos Aires....
La
noche se corre, lentamente se quita dejando cristales tirados en la
calle. Algunos autos comienzan a pisarlos y lento, muy lento el día
se arrima al mate.
Buenos
Aires ha dormido, o diremos intentó dormirse y en algún caso casi lo
logra mientras que en muchos se terminó la noche y los ojos
enrojecidos recuerdan que hace ya varias noches que el intento es
vano.
Los
chicos se acurrucan en las bocas de los subtes, el diariero acomoda
suplementos en los diarios a la luz de una lámpara que parece
apagarse a medida que el sol sale. Un bar abre su luz encendida, sus
mesas vacías soplan café que
perfuma la calle.
En
las estaciones son varios los que pasan, algunos estaban en un
banco, en un balcón, detrás de algún auto, debajo del mundo. Otros
bajaron del tren que recién llegado suspira vapores, como dragón de
la calle china que para en la puerta de Buenos
Aires.
Buenos Aires, ciudad adolescente que mira a lo lejos y siempre siente que debe marcharse. Pero, cuando amanece, parece que encuentro detrás de los vidrios ojos que brillan, que miran y admiran el andar somnoliento de un pueblo que aunque nunca lo supo, puede y merece vivir diferente. |
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Guillermo Daniel Contreras