Ruge
el Urubamba recorriendo el valle. El Valle del Inca que lo ve
tranquilo. No como otros ríos, que al saberse cerca hacia el mar
enfilan; prontos parecen a terminar sus vidas. El Urubamba grande,
sabiéndose importante busca el Norte y luego el Este, cruza América
como fiel testigo del continente.
Cuando recorre el valle no
levanta la vista, así a sido durante siglos. Porque aunque a simple
vista tenemos terrazas, graneros, rastros inconfundibles de una gran
cultura. El Urubamba río durante siglos ocultó la vergüenza de los
que nos conquistaron.
Porque
él sabía que allá arriba, guardadas, varias ciudadelas eran testigos
de una invasión bárbara que termino con ellas.
El
Urubamba ruge y nos acompaña desde Cuzco hasta Ollantay-tambo. Y
entre ellos muros, terrazas, puentes que lo cruzan nos dejan claro
que perdieron ellos, los conquistadores, que encerrados en su fe, de
la que no dudamos, fe en ambiciones de poder y gloria, no te vieron
a ti. Y al no verte, río, no vieron a aquellos que te
acompañaban.
