La ciudad amanece,
tranquila, serena. Es en Occidente la ciudad más grande. Las
noticias llegan, los rumores hablan, por los caminos anda
temblorosamente la certeza de que han llegado.
Dicen, los informes, que vienen de Oriente. Visten malamente,
no bien alimentados, son rústicos y desalineados. Algo se les
entiende. En pocos días llegaran a la ciudad.
Los Jefes, militares y religiosos, dicen que hay que
recibirlos. Alguna vez los dioses hablaron del enviado, alguna vez
dijeron que regresarían.
El pueblo los espera, se preparan, revisan los antiguos
escritos, los antepasados algo nos dijeron. Van a los muros,
buscan las palabras.
Algunos salen, van a los caminos quieren
verlos....
Los viajeros se sorprenden. En nuestras tierras no hay ciudad
tan grande, ni tan limpia, ni con tal orden. Allá en nuestras
tierras, de donde venimos, no hay lo que ahora
vemos...
Ambos erraron por su fe.
El
pueblo, ahora conquistado, creyó que los dioses volvían y los
recibieron como tales. Los viajeros, ahora devenidos en
conquistadores, creyeron ser dueños de todo lo que veían y lo
tomaron.
Por
un error de fe perdimos la ciudad más importante de Occidente, y fue
en América ante la
invasión Europea.