En un
abrir y cerrar de ojos, el tiempo transcurrió. Parece que hubiera
sido ayer que tendido sobre las dos paredes que circundaban mi cama,
ellos estuvieran espíando mi infancia-adolescencia. Esos posters
arrancados de revista Pelo esperaban mi presencia, los cuatro
custodiando mi llegada nocturna, ayudándome con mis libros y mis
apuntes de secundaria, ordenando mis sueños. Hoy, los recuerdo y
para mi asombro, mi hija y mi hijo en los 2000 están apegados a su
música. Y a veces buscan entre sus melodías un escape al corazón,
igual al que buscaba yo por aquellos tiempos. Inolvidable
adolescencia alfombrada con su música. Hoy la tecnología me los
devuelve como los había soñado y me permite revivir momentos
imaginados pero nunca vistos.
Por suerte, aquí también llegó
el sol...
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