En algún tiempo
los antiguos habitantes de la
tierra
con su conciencia de maíz recién
nacida
profesaban por ella un gran
respeto
un profundo temor reverencial.
En algún tiempo
compartían con ella sus cosechas
amasaban con ella su destino
le ofrendaban su comida y su
bebida.
Y la madre tierra contestaba
con la periodicidad de sus ciclos y
estaciones,
con su estable girar.
En algún tiempo,
el hombre, dorado fruto,
mitigaba con ella los pesares
de sus noches pobladas de
demonios.
Y hoy la tierra ultrajada se
subleva,
oscura razón de migraciones,
torrentes que hace tiempo
remontamos.
¿Cuál fue la idea que desterró a sus
hijos?
¿Cuál fue el destino que los llevó al
exilio?
¿En qué marcha, qué camino, se perdieron las
huellas,
las pisadas?
¿En qué abismo, en qué inescrutable rincón de la
conciencia,
se hallan ocultas las llaves?
Si la tierra desbastada se
subleva
si la tierra violentada se
violenta
si algún día en la noche de los
tiempos
se olvidaron uno a uno los
conjuros.
Si las hogueras se fueron
apagando
si no hay dioses que contesten las
plegarias.
si el televisor nos invade con
noticias
y nos vende el paraíso en
cuotas,
la muerte sin dolor, la guerra
preventiva.
Todo gira
y avanzamos caminando por el
tiempo,
recuperando la voz,
las voces viejas, las voces
propias,
encontrando de nuevo las
pisadas,
los hitos que
dejaron otros hombres,
como faros
sembrados del camino.