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Paúl Marcelo Velásquez
Sabogal |
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El exceso de lluvia trajo
a tus besos un nuevo
sabor: -¡Oh sutil aliento de forma
bermeja-. Saben a tiempo y espacio en
calor. Saben al verde constante de
las voces: -Cantando impías, por pasillos
insonoros-. Y al azul que inyecta sus
esporas ebrias, a las anchas de tu sonrisa
escaza en vacilaciones. O tal vez, saben a lo simple
de tus húmedos vestidos. Paciente, evocando al sabio
búho citadino, a mis manos enlazo en el
silencio morboso: palpando en tus reflejos el
sonoro y fatuo: ¡no!. Ya la lluvia cristalizó tu
piel en mordiscos amenos. El exceso de lluvia
trajo a los tejados de lata
bronceada un nuevo reloj que delata su
estado añejo, y a tu rostro una sonrisa
levemente disimulada. |
| Paúl Marcelo Velásquez Sabogal |
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