Polvo en la Tormenta
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Paúl Marcelo Velásquez Sabogal
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| Estábamos fríos, congelados, estábamos condenados al encuentro fatal. Temblábamos, y las ansias recorrían nuestras manos, temblábamos, y las manos se apoderaban de aquellos cuerpos fugitivos. Luego, escuché llegar a mis oídos una palabra que nacía de tu silencio, y entonces, un calor intenso nacía de nuestros labios, y nuestra respiración se concentraba en una sola, y no distinguíamos figura alguna, pues una divina ceguera inundaba nuestro ojos. Sentí mi cuerpo temblar, como los blancos astros, y sentí tu cuerpo eterno como el firmamento. Nuestras bocas danzaban, como movidas por el viento, y nuestras manos se deslizaban, como polvo en la tormenta. De nuestro rostros nacían sonrisas, alguna s pobres de gesto, otras algo exageradas. Tenías tus cabellos ocultando mi rostro entero, caminando en mi piel, convirtiéndose en uno solo con el mío. Tu cabello era el infinito, oscuro e intocable. Entonces desapareciste, entre las nubes perturbadas. Desapareciste, y mis labios y mis manos tocaron el vacío. |
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Paúl Marcelo Velásquez Sabogal |
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