“La
pintura no es un remedio, pero cura muchos
males”
Jose
Curia, hace meses incluimos en la “Vereda del Sol” el Link a su
sitio, pero nos debíamos una visita. Vino de Calabria en 1950, en
realidad llegó primero su padre y tres años después lo trajo a él y
toda la familia, incluido al nono.
Al
principio vivió en un conventillo de Villa Maipú, San Martín. Nos
cuenta, “vivíamos 10 familias en varias piezas y compartíamos un
solo baño”. Eso apuró la búsqueda de un terreno y cuanto más se
alejaban de la ciudad entraba más en lo que los ahorros podían
alcanzar. Villa Bosch, casi una embajada italiana, era caro. Se
alejaron un poco más, y sus padres compraron el terreno donde el
vive hoy día en Podesta. Que lo que hoy es parte de la ciudad, en
esos años estaba poblado de chacras y tambos.
El
nono en Italia era barbero y zapatero, aún funciona el local donde
trabajaba . Jose hace unos años viajó a su tierra y recorrió los
recuerdos, también los pintó. Recuerda San Juan de Fiori, con dos
mil habitantes, y siete iglesias, el nono hablando en mítines
políticos que se armaban los domingos después de misa en la plaza.
Las casa de dos plantas, arriba se habitaba, abajo se guardaba leña,
pollos y un lechón con lo que se pasaba el invierno.
Hasta
los 27 años no había conocido la pintura, era carpintero, había si
estudiado bandoneón con Osvaldo Piro. Un día se encontró con ex
compañero que era pintor, como necesitaba un lugar le dejó pintar en
su taller de carpintería. Pero un día que se cortó la luz y no podía
prender las máquinas, comenzó a dejar que sus manos jugaran con los
pinceles del amigo, en
una madera fue copiando una imagen de la virgen que había en
el taller. Cuando volvió el amigo Jose no se animó a decirle que era
suyo, pensando también en que el amigo le dijera que le parecía sin
mezclar la amistad. Le dijo que había sido un vecino que lo trajo
para que el opinara. Le pregunto si ese vecino estudiaba pintura,
porque era bueno. No dijo él, me dijo que no estudió. A esta altura
Jose ya no sabía cómo sostener la mentira. Pero el amigo vio sus
pinceles, los colores, la pintura, y se dio cuenta. Desde ese
momento lo empujó a que aprendiera con maestros de la zona. Su
aprendizaje duró poco más de una año y ya estaba dedicándose a
pintar, presentándose en concursos y descubriendo un mundo en el que
dice. “Pintar, enfrentarse a la tela, es enfrentarse a uno mismo.
Uno emprende charlas con uno mismo, reflexiona, te contestas,
procesas, maduras. A mí la pintura me hizo crecer, la pintura me
enseñó cómo ser con los otros”.
Para
ese tiempo aun no podía dejar de trabajar con la carpintería, no
solo el viejo no lo entendería sino que había que
comer.
Leo
mucho, sólo estudie
hasta 6to grado, pero mi viejo me fue metiendo en la lectura,
primero historietas como Paturuzito, luego me trajo un libro, leí
mucho de aventuras y eróticos, era la edad, luego la poesía
gauchezca, hasta que
conocí a Julio Cortazar. Y aunque le tenía bronca también aprendí a
leer a Borges, un grande.
Hoy
día enseña pintura y pinta. Aquí en el municipio de tres de Febrero,
el intendente declaró la revolución cultural, y dice Jose, lo está
cumpliendo. Jose enseña en su taller, en la “Dirección de Cultura de
Caseros” y en la Biblioteca “Almafuerte” de Saenz Peña. Estudian con
él, niños, adolescentes , jóvenes, adultos y para que quede claro
que la pintura es para todos tiene una alumna de 84 años que hace 4
años comenzó a pintar.
Acumula
más de 18 premios entre
los que figuran premios municipales, un premio en México y muchos
reconocimientos. Contactado con artistas de la zona, emprende
exposiciones muy variadas, algunas personales, otras entre plásticos
y poetas. Hace pocos meses expuso una serie de cuadros “Las 12 lunas
de Federico” en Caseros, y pronto esa exposición va a hacerse en el
hotel donde se hospedara Federico García Lorca cuando pasó por
Buenos Aires. Habla con humildad de colegas a los que considera
excelentes plásticos, muralistas y poetas.
Sigue
luchando para que en su barrio se hagan exposiciones, dice por
suerte este barrio que siempre fue un barrio obrero, lleno de
talleres y fábricas, que había pasado en la década del los 90 a ser
una barrio de desocupados, hoy está lleno de fábricas y trabajo, por
eso quiere que también el arte resurja en el barrio, y cree que va
lograrlo.
Acompañamos
sus sueños y esperamos también acompañarlo en los hechos.
Guillermo
Contreras para la “Revista de los Jaivas”