En su cabaña ubicada en la ribera quilmeña.
Eran
las 15:05 cuando llegué a la casa de Martiniano Molina. Desde el
auto de mi amiga, antes de bajar, vi la cabaña que ha construido él
mismo en la ribera quilmeña. Cuando nos comunicamos telefónicamente
me había anticipado que la reconocería sin dificultad. Me acerqué a
la tranquera que parece dar la bienvenida. En su costado izquierdo,
encontré el portero eléctrico. Presioné el botón, y al rato, la
tranquera se abrió. Ingresé a ese Edén quilmeño, poblado de
distintos tonos de
verde.
Hacia la derecha, hay una huerta cercada por alambre para protegerla
de los perros. Hacia la izquierda y el fondo de la cabaña se imponen
frondosos sauces llorones. Como las típicas construcciones cercanas
al río, presenta una generosa escalera de madera. En el descanso de
la misma, había dos perros negros que me miraron y moviendo la cola
se dirigieron hacia mí. Esperé que alguien me recibiera. Una mujer
joven apareció por la puerta de entrada (una puerta amplia, de doble
hoja, de madera y vidriada). Me invitó a pasar y me comunicó que
Martiniano tardaría un momento porque se estaba terminando de
bañar.
Mientras
esperaba a mi entrevistado dialogué con Marcela, cordialmente. No sé
cómo pero terminamos “filosofando” de la influencia de los celulares
en la vida cotidiana, de las horas de vida que se invierten en el
trabajo, de los jóvenes. La espera se convirtió en un momento
agradable y un espacio para la conversación. Buen
augurio.
Martiniano
apareció, al rato, con un jean y remera azul. Se acercó para
saludarme. Acto seguido, se disculpó por estar “jugado con el
tiempo”. Tenía que asistir a una presentación en la ex ESMA. Me
ofreció un café “en pago” por la demora.
Acepté.
Mientras
se dirigía a la cafetera comenzó a hablar de los múltiples proyectos
comunitarios que está realizando en la actualidad. Es tal su
apasionamiento que es imposible no sentirse tocado por esa energía.
Cuando pude reaccionar le indiqué que comenzaría a grabar. Asintió y
se acercó a la mesa para sentarse con su pocillo de
café.
Martiniano
recordaba sus comienzos junto al Gato Dumas allá por el ´98 hasta el
2006...
Entrevistadora:
¿Cómo era tu vinculación con el mundo de la cocina en aquella
época?
Martiniano:
Empecé a trabajar en el programa de Carmen
Barbieri.
E:
En Movete.
M:
Sí. Rápidamente me hice un lugar en los medios al tener ciertas
condiciones para las cámaras y comunicar: simpático, 2 metros de
altura, ser bonito dentro de los cánones de la
sociedad...
Coincidir
con ese modelo. Estaba muy abocado a los
medios.
Hoy,
mi búsqueda tiene que ver con otras cosas. Justamente con conectarme
con esto de la alimentación y la salud. Un poco, viene de un legado
familiar. Mi “vieja” era homeópata”. Por lo tanto, desde chiquitos
recibimos esa historia. Cuando empecé a abrirme un camino en los
medios numerosas empresas me convocaron. Me pagaban muy bien. A
algunos les dije que sí hasta que algo empezó a hacerme ruido.
Comencé a descubrir información respecto de la
concepción,
creación
y producción de los alimentos
E:
Sí, que no cubrían tus expectativas. Leí en alguna entrevista que
sugeriste a una importante empresa que sacara al mercado una línea
de productos orgánicos y esto no sucedió.
M:
Sí, eso fue puntualmente el caso de Casancrem. Pero yo,
habitualmente rechazo muchísimos posibles contratos de trabajo que
en realidad no están en mi línea ideológica con respecto a la
concepción, la creación y la producción de los
alimentos.
E:
¿Qué pensás que hay en el imaginario colectivo respecto a esta
conciencia de los alimentos?
M:
Poco.
E:
¿La información que hay es confusa,
equivocada?
M:
Es que en realidad, yo no estoy hablando solamente de lo orgánico.
Yo estoy hablando de la conciencia. Justamente, el cambio
de paradigma tiene que ver con la sustentabilidad. Esta palabra
que se ha puesto de moda y que pocos la llevan adelante. Generar tu
sustento no es generar tu dinero y después con ese dinero comprar
los alimentos. Es pensar, ¿puedo generar mis tomates?, ¿puedo
generar mis lechugas? Y se puede. Eso sí, es un trabajo. El sistema
en que vivimos enseña y forma para otro lado. Va por la línea de la
posesión material, lo económico. Pero eso es justamente lo que está
cambiando como paradigma. Porque en definitiva, si hay alguien que
tiene mucho dinero quiere decir que hay mucha gente que tiene poco.
El que gana muchísimo dinero tienen una gran responsabilidad. El que
gana mucho dinero si no lo va a utilizar bien... Me refiero
a
que
use lo necesario para vivir.
E:
El “utilizar bien” entraría en esta mirada del bien común desde el
lugar en que uno se posicione, ¿verdad?
M:
Es que en realidad, no está mal que consideres al trabajo como tu
sustento o proyección personal. Pero a la vez, debería tener una
función social. Por ejemplo, acá está Marcela. Ella viene 3 veces
por semana. A veces, todos los días, a la
tarde.
Y
“Marce” está acá y me ayuda. Pero tanto mi hija como yo también
limpiamos, ordenamos. Acá, el fin de semana fue un caos pero
tratamos de ordenar. Cuando “morfamos” lo hacemos todos juntos. Y
para mí, es bueno que así suceda. Yo no creo en eso de “ser
servido”. Creo que hay personas que te ayudan. Personas físicas y
otros seres que también están.
E:
Que todos estamos “al servicio de...”
M:
Deberíamos estar al servicio de ese bien común. Si fuera así, no
estaríamos en el mundo en que vivimos. El mundo en que vivimos es el
reflejo del hombre actual y de las acciones tomadas por el hombre a
través del tiempo.
E:
¿Considerás que tu propuesta de un hombre que se sustenta es en
cierta forma anacrónica? Porque el estar en la huerta implica un
contacto con el tiempo de la Naturaleza que no es el tiempo del
reloj. Es decir, es otra conexión.
M:
No, no. El tiempo de la Naturaleza es el tiempo del reloj, también.
Lo que pasa es que el hombre vive a una velocidad tal que
posiblemente no pueda establecer un vínculo directo con eso. Pero es
porque no conoce. Y al no conocer, no puede proyectar. Por ejemplo,
mi huertita. Te puedo asegurar que comemos todo el año sin comprar
una sola verdura: mi hija, mi viejo, mi hermana y también yo. Pero
si en vez de plantar 60 cebollas, plantás, 5 ahora, 5 en 20 días, 5
en otros 20 días más. Entonces, vas a tener cebollas escalonadas o
cebollas de verdeo escalonadas. En cambio, si vos tenés una gran
producción de cebollas se te va a pudrir o la vas a tener que
regalar o vender. Entonces ahí comienza el tema
de..
E:
La comercialización.
M:
Exacto. Que no está mal. Pero hay que ver cuál es el propio límite.
El hombre de las grandes ciudades no es conciente de esos
tiempos.
E:
Le es difícil conectarse con el ritmo de la
Naturaleza.
M:
Exactamente.
E:
Que es otro ritmo. Es saber mirar,
esperar.
M:
Justamente, son todas esas cualidades que tienen que ver muchísimo
con lo humano. El hombre ha dejado de ser humano. Digo el hombre en
un sentido general, no digo todos los hombres. El hombre tuvo mucho
que ver con la transformación que ha tenido el mundo actual. Los
animales siempre son lo mismo. Tratan de subsistir y nada más. Pero
carecen del yo, de intelecto.
E:
Sí, de elementos.
M:
De la tecnología y todo eso. Ese hombre es el que ha hecho todo ese
trabajo y el que hoy tiene que revertirlo o tiene que tomar
conciencia. Cuestionarse que en esta línea no estaremos más
acá.
Einstein
dijo hace muchos años que “El día que desaparezcan las abejas de la
faz de la Tierra, el hombre en cuatro años desaparecerá también”. Y
estoy totalmente de acuerdo. Hay una conexión en todo lo que tiene
que ver con la Vida. Y por eso, la abeja tiene puntualmente tanta
responsabilidad. Es la que fecunda. Toma el polen y va polinizando
las plantas, yendo y viniendo. Y así contribuye a generar
vida.
E:
La que distribuye.
M:
De una manera tan sutil que a veces no lo percibimos. Por ejemplo,
LA NASA ha investigado el aspecto aerodinámico de la abeja y
llegaron a la siguiente conclusión: esa abeja, científicamente es
imposible que vuele. Ahí tenemos alguna otra respuesta que nos está
dejando la existencia. Llámale espiritualidad, Dios... ¿Cómo hacemos
para justificarlo? Los físicos cuánticos que son los que más han
desarrollado la ciencia actual han llegado a la misma conclusión que
los hindúes hace 15.000 años o nuestros pueblos originarios con
respecto al concepto de energía. La energía como el
Todo.
E:
Sí, sí. Como un útero que nos cobija.
M:
Que nos forma y que forma ésto y aquello; a vos; nuestra
interrelación. Entonces, empezamos a encontrar todo ese entretejido
que muchos no vemos. Bueno, yo intento ver. Pero al no verlo
carecemos de la verdadera objetividad.
E:
Digamos que tu pensamiento, por lo que decís, está orientado o
preocupado tanto por las cuestiones intangibles como las tangibles.
Lo digo por el ejemplo que mencionaste recién de la
NASA.
M:
Sí. Hoy, justamente, a la mañana, escuchando a Magdalena, en
Continental, decidí llamarla para juntarme con ella. Estoy muy
preocupado porque es el programa más escuchado de AM,
obviamente...
E:
Sí, de esa franja horaria de la mañana.
M:
Y seguramente, en el interior también. Allí, donde todo es químico
(herbicida, glifosato). Hoy, en un comentario referido a los
celulares dijo algo así como “Sin embargo, la Naturaleza aún sigue
respondiendo”. Su discurso es contradictorio. Por un lado advierte
de las catástrofes naturales, la contaminación, el petróleo; y por
otro, el sustento de ese programa son empresas químicas. A mí, ya me
pasó encontrarme en esa situación y decidí romper con ese mundo y
plantear nuevas ideas para la televisión o para los medios. Son
necesarios. Por eso hablo del cambio de
paradigma.
E:
Pero vos, ¿qué pensás plantearle a Magdalena? ¿Cuál es tu
propuesta?
M:
Yo me voy a juntar y decirle que la escucho hablar del respeto a la
Vida, el daño que está haciéndole el hombre a la Tierra y a nosotros
mismos... Y a la vez, su sustento es “esto” que es una mano
negra.
E:
Vos, ¿Pensás qué está distraída?
M:
Yo no sé si no está distraída. Quizás no lo ve. Es otra opción. A mi
me pasó cuando trabajé en televisión y me vinieron a buscar de
Casancrem. Lo probé y dije qué rico. A los dos o tres años
empecé cuestionar, a leer, estudiar. Es entonces cuando decido
hacerme a un lado, incluso de los programas en que estaba. De
Cocineros Argentinos decidí irme porque la productora no
respetó lo que habíamos convenido (que el contenido y lo comercial
se concensuaba). A mí me dijeron, “Pero lo hacen los chicos, los
otros cocineros”. “No, no, no”-contesté-. Tengo una responsabilidad
enorme. Por eso decidí trabajar en la televisión
pública.
E:
Por una cuestión de mayor alcance.
M:
No solo por una cuestión de mayor alcance si no porque considero
que mi trabajo tiene que ver con esto de la función del bien
público. Por eso fui a Canal 7, teniendo propuestas de todos los
canales.
E:
En este camino. ¿Te encontraste en algún momento sorprendido,
diciéndote “Guau, ¿cómo pude decir NO? (A Casancrem o a
cualquier otro monstruo del mundo de la
alimentación).
M:
Mirá (Martiniano se levanta de la silla para cerrar un ventanal)
todo es como parte de un proceso.
E:
Sí. No es que un día dijiste: “ A partir de
hoy”...
M:
Soy un tipo que trato de ser bastante claro en mis ideas y en mis
acciones. Actualmente tengo conciencia de que no soy solo. Si vos
decidís ser cocinero de la televisión o trabajar en los medios tu
permanencia depende de la elección de la gente. Si lo ves así podés
dejar un poco el “ego” de lado. Que ya es difícil cuando trabajás en
los medios.
E:
Porque hay una alimentación del ego por parte del
entorno.
M:
Absoluto, absoluto. Entonces, imagináte lo claro que tiene que ser
uno para a la vez también decir, no. Porque yo no puedo recomendarte
algo que no hace bien.
E:
Lo que va en contra de tus principios.
M:
Si vos me ves bien a mí vos crees que ésto es sano. Si yo no lo
compro en mi casa yo no te lo voy a vender. Esto hace que me tenga
que correr de un montón de lugares. Pero a la vez, hoy tengo más
trabajo que antes. Mucho más.
E:
¿Alguna vez llegaste a pensar que podía
mermar?
M:
Mermó. Ni bien dejé de hacer Casancrem y dejé de estar en
Canal 7, entre otras cosas, se produjo “un parate”. Tenía dos o tres
contratos.
E:
Se habrán preguntado, ¿qué le pasó?
M:
La gente me pregunta si no trabajo más. Porque para la gente
trabajar ...
E:
Es verte en “la tele”.
M:
Exacto. Hoy trabajo con más de diez fundaciones, Organismos del
Estado: Ministerio de Agricultura, Ministerio de Desarrollo y Acción
Social, Ministerio de Salud, Canal Encuentro, Aerolíneas Argentinas.
Estoy escribiendo dos libros. Y todos los otros trabajos sociales,
más lo de la escuela del río, la huerta, educar a mi hija. Bueno, no
tengo tele, quizás tenga que ver con eso.
E:
(Risas) Ah, es un dato llamativo. ¿Desde
cuándo?
M:
En mi vida, en la de mis hermanos y mi familia nunca la tele fue
algo central.
E:
Algo así como un imán.
M:
Jamás. Viene de familia esa línea. Mi viejo nos decía, “Eh,
muchachos...”.Y nos mostraba el listado de cosas de la casa para
hacer y nos preguntaba cuál de esas tareas nos gustaba (lavar los
platos, lavar el auto, cortar el pasto, cocinar). Y así ocupábamos
el tiempo.
Hoy,
mi hija colabora en la selección de la basura hogareña (elementos
orgánicos e inorgánicos).
Sabe
dónde va cada uno. Tiene 9 años. Y yo no le digo nada. Lo hace
porque ve que yo lo hago. Y lo mismo pasa en la
huerta.
E:
Ella lo hace porque lo tiene incorporado en su cotidianeidad
familiar.
M:
Entonces, si nosotros no le damos eso antes de los diez años,
después es muy difícil revertirlo. Lo vas a poder hacer. Porque por
ejemplo, yo no fui a una escuela Waldorf pero sí coincido con muchas
ideas que tienen que ver con la Antroposofía.
E:
¿Cuánto llegó a vos esta pedagogía? ¿Cómo te enteraste de su
existencia? ¿Se contactaron con vos?
M:
No. El tema es así. En la farmacia de mi vieja, Farmacia Volpe
(naturista, con laboratorio homeopático) ubicada en la calle
Alvear; siempre hubo una biblioteca para la gente. Había todo tipo
títulos de medicinas alternativas: Flores de Bach, Flores de
California, Flores de Australia, Medicina China, Medicina
Ayurvédica, Reiki. Obviamente, Homeopatía, Antroposofía. Mi hermana,
Eugenia, que es un año menor que yo, empezó a investigar el tema de
la Antroposofía. Se juntó con amigas y comenzó a conocer la
Pedagogía Waldorf. Ahora, está haciendo la formación en Terapias
Curativas desde la Antroposofía que es todo una
maravilla.
E:
Qué interesante.
M:
Siendo escultora y pintora dejó todo para hacer
esto.
E:
Bueno, es otro tipo de arte: el Arte de Vivir con una mirada que
tiene en cuenta la espiritualidad que en la farmacología
convencional desaparece.
M:
En realidad el elemento espiritual está presente, en nosotros. Lo
aceptemos o no. Es decir, el elemento espiritual o las fuerzas
espirituales que nos conforman creas o no creas están en vos. Las
veas o no las veas. Las percibas o no las percibas. Son parte
tuya.
E:
Sí, entiendo.
M:
Son elementos que hoy el hombre tiene a su disposición a través de
la Ciencia.
E:
Contundentes.
M:
Totalmente contundentes. Si los querés conocer, ahí están. Y hay
mucho, muchísimo. Estamos llegando a una época de la humanidad en la
cual el hombre puede ver -si quiera profundizar verdaderamente-
todo el devenir de la Humanidad y con qué fuerzas necesitamos
conectarnos para trabajar en función de ese bien común del que
estábamos hablando antes. Si yo comprendo una
entidad
del bien y una entidad del mal como dos
fuerzas...
E:
Como dos fuerzas que combaten.
M:
Que están presentes en nosotros. El bien y el mal están presente en
nosotros todo el tiempo. No hay tipos buenos o malos. Pasa como con
las cualidades femeninas y masculinas. Porque en realidad, la
cualidad femenina ¿cuál es? Y la cualidad
de...
E:
Una cierta delicadeza.
M:
De la protección, de la sensibilidad...
E:
Lo nutricio.
M:
Lo nutricio, si querés llamarle.
E:
Podría decirse que en esta etapa de tu vida, en este proceso,
decidís ser soberano de tu espacio? Jugando con esta cuestión de la
soberanía de la Tierra, de las huertas
sustentables...
M:
Yo, por eso hablo tanto de conciencia. Trato de ser claro para
conmigo. Que no me haga ruido como pienso con lo que hago
.
E:
Ser coherente.
M:
Sí, ser coherente,. Si después eso, alguien lo toma y le sirve,
buenísimo. Hoy, me toca la responsabilidad de guiar hacia esa otra
conciencia. No estoy planteando que todos hagan huerta. Pero 10
familias se pueden juntar a hacer una huerta y así ser más
concientes de qué alimento van a dar a sus
hijos...
E:
¿Se trata de un rescate de ese espíritu comunitario que está tan
desdibujado, desvirtuado o manoseado?
M:
Posiblemente. No es solo eso. También hay fundaciones que trabajan
en la prevención y curación del cáncer infantil. Por ejemplo, la
Fundación Flexer.
Y
ahí te metés en un plano bastante denso que también tiene que ver
con el alimento. Yo me siento responsable de esta
realidad.
E:
La presencia de esos chicos es un síntoma
M:
Es un síntoma. Y ahí, podemos definir qué cree la medicina
convencional respecto a la enfermedad. Ataca el síntoma como si
fuera la enfermedad misma.
E:
Tu mirada tiene otro horizonte. Un horizonte, holístico. Vemos estos
chicos pero son el síntoma de que algo nos está pasándonos a
todos.
M:
No es solo la deformaciones del cuerpo. La medicina tradicional
también tiene sus deformaciones. Y no te lo digo yo. Podés
escucharlo por la tele. Hoy, el 80 % de los nacimientos es por
cesárea. ¿Y por qué? Si no era así...
E:
Antes, las abuelas parían en su casa.
M:
El tema es no convertirte en un fundamentalista. Hay que encontrar
el equilibrio.
E:
No ser intransigente.
M:
Claro, porque sino no podría tener este jean, estas zapatillas
porque todo tendría que ser inorgánico. No es así. Yo no soy
fundamentalista. Si voy a un cumpleaños y hay Coca Cola no me
tiro encima. Si tomo una vez, no pasa nada. Tampoco es hacer que mi
hija sea sapo de otro pozo. Es un “super laburo”. Pero es como yo
pienso.
E:
O quizás no tanto. Pienso en el ejemplo que diste hace un rato
respecto a la clasificación de la basura.
M:
Claro.
E:
Se trata del cuidado de la Tierra, del propio cuerpo y del cuerpo
comunitario como un órgano que late.
M:
Exacto. Sucede que así como la medicina tradicional confunde un
síntoma con la enfermedad. También la agricultura tradicional cree
que aquello que compite con la soja hay que matarlo. Pero matándolo,
la soja también se desequilibra. Se rompe aquello que tiene que ver
con la vida misma de la Tierra que es un equilibrio
maravilloso.
E:
Complejísimo pero al mismo tiempo simple.
M:
Totalmente simple. Un terreno que pudo haber estado 20 ó 30 años
agredido por agroquímicos y mutilado puede corregirse. Te hablo de
un terreno sin lombrices ni hormigas.
E:
Qué capacidad.
M:
Lentamente. Pero uno se pregunta, ¿cómo algo tan dañado puede
reponerse? Pasa lo mismo con nuestro cuerpo. Si ingresa al organismo
una astilla después de un proceso del cuerpo de reconocimiento,
defensa y expulsión, se regenera. Es maravilloso. De eso se trata la
Osteopatía. Esta justamente detecta el lugar donde hay crisis. Aquel
espacio donde la energía deja de circular. Cuando pasa eso, ¿qué
sucede? ...
E:
Se enferma.
M:
Comienza siendo un foco de enfermedad pero puede degenerar en
cualquier enfermedad física. Por ejemplo, tumores. Y todos estamos
incluidos en esa posibilidad. No es que yo esté a salvo por vivir
así. ¿Vos leíste este correo?...
E:
No sé, ¿cuál?...
Los
pasos que nos movilizaron de la cálida mesa de la cocina, a la
computadora marcaron el final de la entrevista. Allí, Martiniano me
leyó un correo puesto en circulación por un médico. En el mismo,
advierte de las propiedades preventivas y curativas del bicarbonato
como anticancerígeno. También, con el mismo entusiasmo con que
iniciara esta entrevista me comentó que está por armar una nueva
página web para difundir estos temas. La fundación de Lionel Messi,
lo ayudará en esta tarea. Seguramente lo hará con la profundidad que
da la sencillez. Como sucedió en esta ocasión.
Martiniano
como el personaje mitológico de Prometeo ofrece a los hombres algo
sagrado. Para Prometeo fue el fuego. Para Martiniano, el
conocimiento de otra conciencia. Que por el bien de todos, la llama
de esa pasión vivificante siga flameando.
Nota de María Isabel Sánchez y
Ferrer