Un comienzo mágico
Cuando
Daniel Camino, el productor peruano gestor de la idea de llevar a
cabo una obra con estos tres elementos para él muy importantes:
Machu Picchu, Neruda y Los Jaivas, no se imaginó jamás que nuestra
primera reacción iba a ser NO. Un no rotundo se dejo sentir en
nuestro domicilio de aquel tiempo a las afueras de París que
albergaba a toda nuestra comunidad y que se llamaba Villa Les
Glycines.
La verdad es que nosotros en aquel momento no nos
sentimos merecedores de la pretenciosa proposición: interpretar los
versos del gran Neruda y cantar a la ciudadela incaica creando una
obra musical… Esto sobrepasaba la capacidad que nosotros podíamos
soportar por aquellos días. De ninguna manera nos sentíamos los más
adecuados para realizar esa obra, nos sentíamos tocando un terreno
que más hubiese correspondido a otros grupos que gozaban ya de un
tremendo empuje popular y sobrada fama como lo eran Quilapayún e
Inti Illimani. Pero este punto de vista nuestro no era compartido
por Daniel Camino quien no se cansó de estimularnos y tentarnos con
la gran posibilidad de realizar una filmación en las propias ruinas.
Nada de esto fue motivo para que nosotros cayéramos en la tentación.
Nuestro punto de vista humilde y definitivo no cejó en ningún
instante.
Sin embargo el destino, la realidad y la magia,
iban a querer exactamente lo contrario.
El concatenamiento de
los hechos que por aquellos tiempos nos sucedían, creó una de
nuestras más importantes obras.
Albertito Ledo había quitado
el grupo no hacía mucho tiempo y en recuerdo de su preciosa estadía
nos dejó de legado un tema que él solo había grabado en nuestra sala
de ensayos junto a Dominique Strabach en ese tiempo nuestro
ingeniero de sonido. Toda la comunidad conocía ese tema, menos yo.
Fue Dominique quien una mañana me encontró en uno de los pasillos de
la casa y con su rico acento francés me dijo: “Eduargdo, tu egres
el único que no ha escuchadó el tema que deho Albertito”. Yo le
respondí que tenía algo que hacer en ese momento pero que en una
hora más me haría presente en la sala de ensayos para escuchar el
tema. Efectivamente, una hora después entré a la sala donde
Dominique me esperaba listo para echar a andar la grabadora. Invadió
la sala un aire muy sugestivo y de una musicalidad muy especial y
aunque los sonidos sugerían el ande y el folclore andino, el
resultado total era algo nuevo, nada de comúnmente escuchado. Mi
opinión de inmediato fue que el regalo de Albertito era
precioso.
Hasta ahí llegó ese momento.
Pero como
sabemos, en la mente de los seres humanos almacenamos todo en un
disco duro que no tiene prácticamente límite ni en Gigas ni en Teras
ni en nada. El tema de Albertito había quedado almacenado en mi
cerebro a la espera de un llamado que la misma mente o la sugerencia
de algún hecho o esencia exterior motivara la presencia de ese
recuerdo. Fue lo que exactamente pasó a los pocos días después.
Oponiéndose a toda lógica con respecto a la rotunda negación que
habíamos dado a Daniel Camino, en mi habitación se produce un
momento mágico que yo reconozco como el momento de la creación.
Tenía que ser un acto, quizá el más doméstico de todos, el que iba a
provocar la llamada.
Haciendo la cama, tiré la sabana de
abajo extendiéndola a lo amplio del colchón y normalmente el
movimiento del aire se devolvió contra mi rostro y vino la
evocación.
Del aire al aire, repiqueteó mi voz interior.
Del aire al aire, repitió. Yo abrí ampliamente los ojos
sorprendido por la sugerencia que en mi mente se estaba produciendo.
El regocijo de la creación fue más fuerte que nada y mi cuerpo
enteró se repletó de una exigente alegría. Salí corriendo de la
habitación, bajé las escalas hasta que alcancé la sala de la música
donde, como siempre, estaba Dominique en sus habituales trabajos de
sonido. Por favor, Dominique, le dije bastante alterado por
la emoción, puedes poner el tema de Albertito…
Después
de haberlo escuchado, alucinado por la coincidencia del sonido y los
versos de Neruda, no me cupo la menor duda. Ese tema era Del aire al
aire. Es decir, el tema con que ¡comenzaría la obra! Todo eso me
pasó como un rayo por la mente y de una carrera fui recorriendo
pieza a pieza proponiendo a la familia entera una reunión en la sala
de la música dentro de una media hora. Efectivamente, la reunión
general se produjo y todos esperaban ansiosos saber el porqué de
tanto misterio. Reunida la totalidad de la comunidad, yo le propuse
a Dominique que hiciera rodar el tema. Casi a coro todos me miran y
se ríen diciendo: Ja, ja, ja. Pero si ese es el tema de
Albertito. Tú eras el único que no lo conocía… Y yo les
respondo: Si, pero ustedes no saben cómo se llama. Todos me
miran atónitos y en suspenso esperando por el nombre del tema.
Entonces yo les digo sin más ni más: Se llama Del aire al
aire.
Sin duda este hecho causó conmoción en los
corazones toda la comunidad quienes no pudimos decir otra cosa que
habíamos comenzado la creación de la obra musical Alturas de Machu
Picchu.
La obra
En tanto que cercano a
las letras, yo fui comisionado por el grupo para encargarme del
poema de Pablo Neruda y dar un resultado sobre cómo podríamos
enfocarlo.
Estudiando el poema de Neruda descubrí que de sus doce
cantos varios de los primeros podían quedar inscritos bajo el sólo
título de La poderosa muerte, verso que se encuentra en uno de sus
cantos. Esto era obvio y saltaba a la vista ya en su primera
lectura. Fue así como llegué a la conclusión final de que nosotros
dividiríamos nuestra obra musical en siete cantos.
Respecto de
los versos que cabían en cada uno de esos siete cantos, iba a ser
Gato el encargado de elegir cuáles él cantaría.
Fue así como
conseguimos el esquema de nuestra obra.
Cuando Daniel Camino
se enteró de esto, no pudo más de alegría. Había partido de vuelta a
Lima decepcionado por nuestra negativa. Sin embargo haría una escala
en Madrid que fue el teléfono que usamos para informarle del feliz
suceso: Daniel, llevamos tres minutos y medio de Alturas de Machu
Picchu.
De ahí para adelante todo fue jolgorio y creación.
Hasta que el sueño dorado de Daniel llegó a cumplirse totalmente
cuando un día de septiembre de 1981 llegábamos con una obra
realizada a la ciudadela misteriosa.
Canal 13 de Chile en
combinación con Canal 7 de Perú se encargarían, bajo la dirección de
Reynaldo Sepúlveda, de llevar a imágenes esa inusitada experiencia
musical.
Machu Picchu
Nunca antes ninguno
de Los Jaivas habíamos puesto un pie en ese lugar. Ni siquiera
teníamos mucha idea de él. Solamente conocíamos lo que cualquier
ciudadano del mundo desinteresado podía saber.
Nos sorprendió de
inmediato la curiosa correspondencia de nuestra música con aquel
monumento recóndito. Habíamos sido inspirados por los versos de
Neruda y éstos, sin duda, ejemplifican y retratan de manera total y
profunda el espíritu, las terrazas, las piedras, la ciudadela, el
paisaje y la inmensidad de esa hazaña arquitectónica que el vate
dejó grabada magistralmente en un largo poema considerado como el
más grande escrito en lengua castellana.
Era un lujo hacer el
doblaje de cada tema en aquellos rincones mitológicos. Cada compás
correspondía con mágica precisión a cada punto de vista obtenido
desde cualquier terraza, desde todos los rincones, desde el centro
reverencial de una civilización que se supo perdida, sumergida en
las alturas enmarañadas de los Andes.
Los
milagros
Muchos milagros de la virtual condición mística
se produjeron ahí durante los quince días de filmación. Como dijo el
arqueólogo a cargo, mientras yo lo detenía conmocionado por una
visión que no hacía más de dos segundos se me había esfumado en una
habitación del caserío llamado de los sabios, este científico
viéndome alterado, simplemente responde a mis inquietudes:
Esto pasa siempre
aquí…
El regreso
Hoy regresamos con
fama y gloria al lugar que definitivamente ha regalado un montón de
satisfacciones a nuestra carrera artística dejándonos como uno de
los grupos de mayor relevancia en relación directa a nuestra
milenaria cultura americana.
Esta notable diferencia que se
fue creando desde nuestra primera visita en 1981 hasta el día de
hoy, es obviamente fundamental puesto que los treinta años pasados y
aún no necesitando la ayuda del todo, nuestra obra ha contribuido
enormemente para que a través de ella se continuaran popularizando
tanto el larguísimo poema de Neruda así como las fabulosas ruinas
del santuario de Machu Picchu, testimonio elocuente de una
civilización orgullosa que no pudo dejar otro rastro más que estas
pulidas piedras, misteriosas habitaciones y empinadas
terrazas.
Así en este instante las autoridades
gubernamentales peruanas y muy en especial las cuzqueñas han tenido
la delicada deferencia de invitarnos a participar de las
celebraciones que en memoria del descubrimiento de la ciudadela por
Hiram Bingham en 1911, se realizarán en Cusco y en el mismo Machu
Picchu entre el 6 y 8 de julio.
Es evidentemente un inmenso
honor para nosotros poder compartir este momento que gozaremos, sin
duda, con la misma pureza como cuando la primera vez llegamos sin
todavía ni siquiera imaginar que la obra musical Alturas de Machu
Pichu de Pablo Neruda y Los Jaivas, llegaría a ser una de las obras
cumbre de la música latinoamericana y clasificada, además, como
entre las diez mejores del folk-rock progresivo.
¡Gracias,
Perú!
¡Gracias, Cusco!
¡Gracias, pueblo incaico!
¡Gracias,
Latinoamérica!
Eduardo Parra para La Vereda del
Sol